El caso salió a la luz luego de que una menor de 17 años fuera localizada en la vía pública en estado inconveniente, lo que motivó la movilización de las autoridades y la posterior verificación del predio donde se desarrollaba el evento.
Al ingresar, se constató que la reunión distaba de ser una celebración familiar: se trataba de una concentración masiva con música a alto volumen, ingreso continuo de personas y escaso control sobre los asistentes, varios de ellos aparentemente menores de edad.
La propietaria del inmueble permitió la inspección y señaló que el lugar fue rentado con una justificación distinta, por lo que se deslindó de la organización y del acceso al evento.
Durante el operativo, algunos asistentes abandonaron el sitio por cuenta propia, mientras que otros fueron remitidos por faltas administrativas relacionadas con disturbios y estado inconveniente. En el lugar se aseguraron bebidas alcohólicas y se reportaron indicios de posibles sustancias no permitidas, los cuales quedaron sujetos a las diligencias correspondientes.
El incidente vuelve a poner en evidencia la utilización de eventos privados como fachada para la realización de fiestas clandestinas, en las que la falta de control facilita la participación de menores y el consumo de alcohol sin supervisión.




