Los antorchistas de Aguascalientes me informaron, a principios de esta semana, la  aparición de “vinilonas” en algunos puntos de mayor tráfico de la ciudad, con mensajes de repudio al candidato presidencial de Morena y con el logotipo de Antorcha. Estoy seguro de que al candidato presidencial de ese partido le importa un bledo lo que digan o hagan los antorchistas. Siempre ha sido así. Pero a nosotros, en cambio, nos resulta vital dejar claro, a la mayor cantidad de público a la que podamos llegar, qué es, qué piensa, qué hace y cómo lo hace el antorchismo nacional; pues somos una organización que aspira a representar los intereses de las clases y capas más empobrecidas y marginadas del país, y a convertirse algún día en verdadera opción de gobierno para esa misma gente.

Aquiles Córdova Morán

 

Lo sabíamos y lo esperábamos. El Movimiento Antorchista Nacional se ha decantado por la candidatura de José Antonio Meade para presidente de la República. Y son dos sus razones básicas. La primera, muy conocida por el público, es que aunque nuestra relación con el PRI no ha sido fácil ni tersa, es el partido cuyos funcionarios se han mostrado mejor dispuestos a resolver las demandas de nuestra gente, la más marginada del país, y es, además, el que ha registrado y registró hoy las pocas candidaturas antorchistas a cargos de elección. La segunda es que nuestra apreciación de la actual coyuntura nacional y mundial es de un alto riesgo, de extrema sensibilidad de los intereses del imperialismo y, por tanto, con una paz muy frágil para naciones poco desarrolladas como la nuestra. Esto excluye, por el momento, los experimentos audaces y las apuestas arriesgadas para salir del bache, y habla en favor de un gobierno, tal vez conservador, pero mesurado, prudente y buen conocedor de arrecifes y escollos. Ése es Meade.

El día sábado de la semana anterior, cayó en mis manos un artículo notable. Se titula “Sobre Andrés Manuel López Obrador y Antorcha” y apareció el 28 de abril de 2018 en una página Web llamada “Medium”. Su autor es Julio Huato, uno de tantos cerebros mexicanos que emigran hacia los Estados Unidos en busca de oportunidades laborales, si mis breves pesquisas no me engañan.

Cuando la expectativa estaba puesta en la actuación en el debate de los cuatro candidatos al gobierno del estado, fue el formato del evento lo único que valió la pena del encuentro entre los aspirantes a relevar a Rolando Zapata Bello, pues nadie, ni los moderadores, ni los actores principales, e incluso, el Comité de Expertos entendieron o no quisieron entender lo que lo que la sociedad quería saber,  dirían en mi pueblo “les quedó grande el traje”.

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